domingo, 11 de enero de 2009

Tomates de emergencia

Sirvan estas líneas para resolver la curiosidad de algunos, que me han preguntado por la receta de la sopa de tomate. La gente es curiosa, y a veces sin motivo: la sopa de tomate es para mí un plato de emergencia, una cena improvisada, un apaño; en fin, un remiendo culinario.
Un domingo por la noche del mes de noviembre, con las tiendas cerradas y el frío en los huesos, puede uno tomar una lata de tomate entero en bote, tipo pera(1), abrirla y cortar los tomates en trozos no muy pequeños (del tamaño de un gajo de mandarina). Resérvese el caldo también. Píquense dos o tres dientes de ajo, míguese media barra de pan duro(2), y póngase en una cazuela un chorrete de aceite de oliva. Fríanse a fuego más bien suave los ajos, y justo antes de que se empiecen a dorar échese el tomate y el caldo. Un par de minutos después, agréguese el pan migado, revolviendo con una cuchara de madera para que no se agarre. Puede echarse un poco de albahaca seca si se tiene (siendo domingo y éste un plato de emergencia, raro será que se disponga de albahaca fresca). Cuando esté refrito el conjunto, salar y añadir de media a una cucharadita de azúcar. En este punto, uno añade otro ingrediente que suele tener en casa en estas circunstancias, y que es la diferencia entre una sopa aceptable y una buena sopa, pero que como secreto de autor, ha de permanecer en el anonimato.
Mojar con ¾ de litro de caldo (de verduras, de cubitos o agua directamente: ¿hace falta repetir que este plato es faena de aliño?), y dejar que se recueza de diez a veinte minutos, sin dejar que espese mucho, en cuyo caso ha de agregarse más caldo o agua. En el ínterin, desespúmese si procede. Tras la cocción, reposar fuera del fuego cinco minutos, y a la mesa.
La gente es curiosa, y a veces sin motivo; pero quizá el satisfacer la curiosidad sea perder el interés. Vale la pena conservar la curiosidad por las cosas: así se aviva el ingenio, se mantiene la cabeza alerta y, por lo menos, se pasa el rato.

(1) El tomate pera, como bien me hizo notar hace tiempo Patrick Murphy, tiene una temporada cortísima, y unas características organolépticas que hace casi imposible su aprovechamiento en sazón, ya que, como las uvas del Lazarillo, a la mínima tórnase mosto (en este caso zumo de tomate). En bote no es tan bueno como fresco, pero no deja de ser bastante aceptable.
(2) Tirar el pan que no se ha comido es una barbaridad, se mire por donde se mire. En caso de hacerlo por causa justificada (¿la hay?), ha de besarse, como marca la costumbre castellana. Amén.

11.01.09

1 comentario: